Tras minutos de espera después de las llamadas, el hombre del parche pierde interés.
Habla como si la situación con Joaquín estuviese solucionada.
Los guardias le quitan las ataduras, el roce de las cuerdas duele.
Joaquín se pone de pie y casi cae por la falta de fuerza.
Lo empujan hacia un pasillo largo y frío, donde el aire parece más pesado.
Nadie explica nada y eso lo inquieta más.
Joaquín camina sintiendo que podría estar dirigiéndose hacia una muerte segura y dolorosa.
Al final del pasillo hay una puerta enorme iluminada desde el otro lado.
Cuando la abren, una luz blanca lo golpea y lo deja ciego, Joaquín levanta el brazo por instinto.
Intenta cubrirse, pero la luz le pega directamente, Joaquín da un paso al frente y el piso parece moverse bajo sus pies.