Un silbido atraviesa el aire y corta la conversación de golpe.
El vagabundo se queda rígido y su rostro pierde color, y Joaquín tarda un segundo en darse cuenta de lo que había pasado.
Joaquín ve un dardo clavado en el cuello del hombre, pequeño y casi invisible desde lejos.
El vagabundo intenta hablar, pero su respiración se detiene de golpe, y sus ojos se abren con terror.
Joaquín entiende que esto es un ataque real, y el corazón le golpea el pecho con fuerza.
El ruido de la calle se detiene en un instante. Joaquín mira alrededor buscando al atacante, y no encuentra nada excepto sombras.
El vagabundo se desploma y Joaquín duda entre acercarse o alejarse, y la indecisión lo paraliza.
Siente que cualquier decisión lo marcará como un objetivo. La camioneta parece más cerca, Joaquín intenta pensar, pero el pánico se lo impide, y la respiración se le corta por unos segundos.
El vagabundo abre un ojo y parece querer decir algo. Joaquín se inclina por reflejo y lo acomoda poniendo su cabeza sobre la mochila que llevaba.
Joaquín siente la piel erizarse al escuchar un segundo silbido. Por su mente solo pasa la idea de que podría morir y sabe que su próxima decisión determinará su destino.