El hombre del parche niega con la cabeza como si Joaquín no valiera nada, y su mirada se vuelve indiferente.
Dice que Joaquín no sirve y que ya perdió suficiente tiempo. Dos hombres entran y lo levantan sin esfuerzo.
Joaquín intenta gritar, pero sus esfuerzos son en vano. Siente frío y luego entra en una oscuridad total.
Comprende que mentir no lo hizo importante, solo lo hizo útil.
Joaquín despierta gritando en un autobús con la cara empapada en sudor, las personas se alejan.
La gente lo mira con asco y él tarda en entender por qué, su mente está desordenada.
Se da cuenta de que se orinó encima, lo que le hace sentir mucha vergüenza.
Intenta levantarse, pero tropieza con su mochila y casi cae al pasillo.
Mira el reloj y entiende que es tardísimo y el pánico vuelve.
Baja corriendo, mojado y humillado, sin mirar a nadie mientras siente que todos lo juzgan.
Llega al trabajo tarde en las peores condiciones posibles.