El miedo empuja a Joaquín a mentir para parecer importante.
Dice que también fue agente y que sabe del proyecto, aunque en realidad va inventando sobre la marcha.
Espera que ser útil lo proteja. El hombre del parche sonríe por primera vez.
El interrogador responde que entonces tienen mucho de qué hablar.
Joaquín siente que su mentira lo perjudicó en lugar de salvarlo.
Intenta retractarse, pero ya no le creen.
El hombre apaga el puro antes de hablar.
Le pide nombres, fechas y lugares sin levantar la voz,
y Joaquín improvisa para no quedarse callado.
Joaquín nota que el interrogador espera el error con paciencia, y eso lo desespera.
Cuando Joaquín duda, el hombre lo observa detenidamente.
El interrogador se inclina y dice con seguridad que lo ayudará a recordar,
y Joaquín decide su próximo paso.